Los Cuises, en CPRecords

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CPRecords presenta con sumo placer siete discos que recopilan improvisaciones grabadas por Los cuises entre 1999 y 2005, en Toay, La Pampa. De un total de diez discos que documentaban la experiencia sobrevivieron los cuatro primeros (Lo mejor del 2000, Descontento general, Trance génico I y II) tal cual se habían armado, y lo que se pudo rescatar del resto de los otros discos (la mayoría con fallas que impiden su escucha) se recopiló en otros tres (No es bueno, los albañiles e intactos). Es un hecho conocido que los cds vírgenes a los que pueden acceder los pequeños proyectos independientes para registrar sus trabajos o difundirlos, no son de una calidad que asegure su supervivencia en el tiempo.
Más allá de estas dificultades, gracias a internet y las plataformas de almacenaje gratuitos, hoy podemos ejercer una auto-difusión impensable para este tipo de materiales tiempo atrás. Por lo menos las limitaciones se redujeron a si se trabaja lo suficiente en ello o no.

SOBRE EL ORIGEN, CONTEXTO, LA EXPERIENCIA Y ALGO MAS
Los cuises fueron una de las experiencias fundacionales del CP, surgida de la amistad entre Gustavo Sidam y yo, quienes nos conocimos cerca de 1993 en el ambiente de la radio BDC 107 en Santa Rosa. Gustavo vivió hasta su juventud en los suburbios de la ciudad de Neuquén, en barrios de trabajadores y gente de bajos recursos económicos, donde muy pocos logran terminar la escuela primaria por ejemplo. Para cuando se acercó a la radio venía de cumplir una condena de 3 años en prisión. Entre sus influencias había músicas tradicionales como la cueca y también cumbias, latinos y en los tiempos que se acercó a la radio se interesó por el heavy metal.  Yo venía de un pequeño pueblo de La Pampa, de una familia de trabajadores de clase media, influido en mi infancia y adolescencia por músicas populares, cumbias, melódicas, tango, folklore y más tarde rock, blues, jazz. Para cuando empezamos a compartir algunas actividades en la radio, yo estaba en pleno descubrimiento de un amplio espectro de músicas y trabajos de experimentación sonora, y por suerte pude encontrar en Gustavo una gran capacidad de escucha hacia todo lo que le resultara nuevo. Al mismo tiempo a mi me fascinaba escuchar sus historias de vida, intensas, con otros códigos, dolorosas y alegres a la vez, pero claras muestras de toda la riqueza que uno puede ignorar de mundos que se estigmatizan por su clase social, hábitos, religiones, entre tantas generalizaciones ciegas y sordas.  

Comenzamos con pequeñas intervenciones radiofónicas y grabando algunos radioteatros, e incluso Gustavo aprendió a operar la salida al aire de la radio y estuvo a cargo de tres horas diarias a la tarde en los últimos meses antes del cierre de la emisora.

A partir de 1997 empezamos con tareas de reconstrucción de la vieja casa donde había funcionado la BDC, en la cual nos quedamos viviendo con mi compañera Claudia, y el “Chile” (apodo de Gustavo) que es un consumado albañil,  se hizo cargo de la obra y me fue enseñando como hacer algunos de esos trabajos mientras le ayudaba como peón.

Cerca de 1999, nos mudamos a un área semi-rural en las afueras de Toay. Allí seguíamos compartiendo amistad, trabajos de construcción de nuestra casa en este lugar, y dieron inicio las improvisaciones con guitarras. Por supuesto la intención era recreativa, una forma de divertirnos con ese juego, pero también fue creciendo como una lógica que invitaba a profundizar en su escucha y práctica. Era algo que se sostenía en el hecho concreto de la experiencia, que valió la pena seguir desarrollando como espacio creativo a través de varios años, solo porque entusiasmaba y se sentía bien. Estaba allí esa tendencia a inventar juegos con códigos propios que tenemos en la infancia y que es una suerte cuando podemos conservar algo de ese instinto a medida que la vida nos va corriendo.

Pienso que son muchos los (músicos o no-músicos) que atraviesan en algún momento etapas donde su práctica es más o menos exploratoria, es decir, no tienen que cumplir con nadie salvo ellos mismos.  Pero no son tantos los que se entusiasman realmente por los resultados y deciden seguir desarrollando esa forma de producir. Puede que simplemente no hayan encontrado nada interesante más allá del momento, o bien alguna presión de mandatos sociales de esos que operan subliminalmente los haya hecho alejarse de allí, entre infinidad de razones. ¿Quién sabe?. Lo cierto es que en nuestro caso la experiencia nos llamaba la atención, los resultados nos atrapaban y todo ello  invitaba a continuar, y observar el proceso. Era curioso y divertido como podían convivir nuestros lenguajes comunes y distantes a la vez, una mezcla de parroquianos gringos y paisanos familiarizados con cierta marginalidad (no idealizada), con una búsqueda que no reconocía límites en esos componentes. Y algo que le sumaba interés a lo que íbamos descubriendo fue una serie de coincidencias al charlar con distintas personas con las que nos cruzábamos en la cotidianeidad, que recordaban o conocían sobre prácticas musicales que tenían similitudes con la nuestra, aunque a través de situaciones y procesos distintos. En todos los casos siempre les llamaba la atención que uno se interesara tanto por algo que ellos mismos no valoraban más allá de la anécdota o habían olvidado. Quizá (y a riesgo de equivocarme porque esto es terreno de la musicología, sociología o ciencias afines), esta desvalorización tenga que ver con el hecho de que dichas prácticas no son fáciles de asimilar dentro de los estereotipos con los que se construye la idea de lo que es y lo que no es folklore, o étnico o identidad, o música en serio.

Y dentro de estas acciones destinadas a lo anecdótico o a no dejar rastro si no fuera por la propia voluntad de registrarlas y difundirlas, se inscribe la pequeña historia de Los Cuises.

Guitarras estropeadas que se transforman en un sonido particular. La improvisación como práctica integrada a la vida diaria, impregnada de las vivencias en común y las  historias individuales que se comparten amistad mediante y que son motivo de canciones espontáneas. Canciones que me tomo la libertad de aproximarlas a un virtual neo-repentismo, sin estructuras establecidas como en el verdadero repentismo de los payadores. Dos amigos que generan música a partir de sus limitaciones técnicas formales, a base de escuchar y escucharse, y no solo a ellos sino al entorno del cual son parte, y tratar de comprender qué es lo que realmente sale de esa mezcla, cómo fluye. Los Cuises no podían detenerse por problemas de afinación, de sonido, de no saber interpretar música convencional, por no tener públicos posibles a la vista, entre otras supuestas trabas. La semilla estaba naciendo por simple manifestación de un encuentro único, como deberían ser la mayor parte de los encuentros en esta misma vida si fuera otra, si nos permitiéramos escucharnos junto a los demás profundamente, sin prejuicios

Pero ¿Por qué escribir todo esto y no dejar que la música hable por sí misma?  Pues bien, tal vez sea una especie de acto reflejo que se me ha instalado por diversos motivos, a la hora de exponer los materiales del CP en general y su política de producción. Esta no busca la rareza ni la originalidad, o pureza, y mucho menos la exotización (temible recurso utilizado desde los comienzos de la industria cultural –¿o quizá desde el colonialismo?- por curadores, críticos, expertos y también muchos artistas, a la hora de etiquetar, definir y difundir expresiones artísticas en Latinoamérica). Por otra parte ninguno de estos intentos de explicación o descripciones funciona como norma o fórmula, son solo algunas de las múltiples lecturas posibles, las que uno puede hacer y que lo movilizan. O en todo caso pretende aportar, a quien le sea útil, ciertas pistas desde la perspectiva propia, para abordar la escucha de algo que no es simple de ubicar dentro de lo experimental, ni en el rock, ni en lo tradicional y ni siquiera en la improvisación libre a ultranza, por más que tenga elementos en común con todo eso.                                                                                                                                                                           Son innumerables los factores que intervienen en esta prolífica hibridación: una complejidad no exenta de caos pero tampoco 100% aleatoria, donde tal vez la única opción poderosa para sumergirse en ella sea la observación propia, el prestar atención para ver las posibilidades al alcance, más allá de lo que uno espera o no que ocurra.

 Y aún así nada asegura nada. Por ello, cómo no celebrar cuando aparece, cuando sucede la alineación, la coincidencia, la comunicación-comunión entre personas, en este caso en torno a una práctica tan antigua como la humanidad pero que se da en un marco de búsqueda con herramientas actuales, como las tecnologías de grabación (por más que no sean profesionales), sumadas a los potenciales de la web. 

En varios sentidos Los Cuises (como otros ejemplos en el CP), tienen asegurada su no-difusión por la mayoría de los medios, incluso alternativos.  Evidentemente si algo no tienen sus “espasmos” musicales, es lógica de producción en serie, de producto elaborado para competir en el mercado o ser al menos reconocido dentro de los estándares de la “buena música”. Pero por suerte sabíamos por qué lo hacíamos y nos bastaba con resumirlo de un modo llano y humorístico como al principio en “De lo profundo” (disco Descontento general) donde se dice: “…y créanme que le somos sinceros, cuando les digo que ese tema está rebueno, nos sale de lo profundo, del sentimiento”.

Ahora bien, como si todos estos cruces fueran pocos, algunas grabaciones iniciales de Los cuises terminaron siendo escuchadas con mucho interés y difundidas fuera de Argentina por un medio especializado en exploraciones musicales contemporáneas, tal el caso de la revista Musicworks de Canadá, donde se publicó un extenso artículo sobre el CP y varios tracks de audio, entre ellos cuatro de Los cuises, en el Cd que acompaña la edición nro. 89 de la revista en 2004.

Con toda esta introducción espero despertar algún interés de escucha atenta en un mar de propuestas en la red, y si el efecto es al revés, espanta o aburre, que le vamos a hacer amigos, lo hecho, hecho está y no le devolveremos su dinero. (Fabián Racca)

Aquí están los discos para escucha y free download mp3, click sobre cada uno para acceder:

CPRLP17: Lo mejor del 2000      –    CPRLP18: Descontento general      –    

CPRLP19: Trance génico uno    CPRLP20: Trance génico dos   –  

CPRLP21: No es bueno   –  CPRLP22: Los albañiles   –  

CPRLP23: Intactos

Este video casero filmado a fines de diciembre de 2009 en La Casita de Carbono,  documenta un reencuentro entre Gustavo Sidam y yo después de casi 4 años. En ese día estaba probando una filmadora que habíamos comprado y justo llegó Gustavo de visita, así que fue una gran ocasión para registrar el encuentro. Como verán se trata de una charla informal, pero que naturalmente y sin planificarlo, va recorriendo buena parte de nuestra historia en común que desembocara en la experiencia de Los cuises. Si bien el resultado final del video tiene varias fallas técnicas, creo que la forma en que se dió esta charla-improvisación, es algo para valorar, ya que nuestros encuentros en el tiempo son fortuitos y no podemos esperar a que se repitan para hacerlo mejor.//  This home video, shot in late December 2009 inLa Casita de Carbono, documents a meeting between Gustavo Sidam and me after nearly four years. On that day I was testing a video camera I had just purchased and Gustavo dropped by, so it was a great chance to record the meeting. As you see it is a casual chat, but naturally and without planning it, it moves through a good part of our common history leading up to the experience of Los cuises. While the result of the video has several technical flaws, I think the way this talk-improvisation took place is something to value, as our meetings are random in time and we can’t wait for repetition to make them better. 

Dedicado a mi amigo “el Chile”, quien actualmente se encuentra cumpliendo una condena en prisión hasta el 2015…. (Fabián Racca – marzo de 2013) / Dedicated to my friend “Chile”, who is currently serving a sentence in prison until 2015… (Fabián Racca -March2013)                **********************************************************************************************************

It is with great pleasure that CPRecords presents seven albums compiling improvisations recorded by Los cuises between 1999 and 2005. Of a total of ten albums documenting the experience only the first four survived (Lo mejor del 2000, Descontento general, Trance génico I y II) just as they had been framed, and what we could rescue from the rest of the other discs (most with flaws that prevent listening) was collected in three others (No es bueno, Los albañiles e Intactos). It is a known fact that the blank CDs that small independent projects can afford to register and spread their works are not of such a quality that ensures their survival over time.

Beyond these difficulties, thanks to the web and free storage platforms, we can now access a self-diffusion unthinkable for this type of production long ago. At least the limitations were reduced to the fact if you work hard enough at it or not.

 

On the origin, background, experience and more.

 Los cuises were one of the founding experiences of CP, resulting from the friendship between Gustavo Sidam and me, who from 1994 to 1995 met near the BDC 107 radio milieu in Santa Rosa. Gustavo had lived up to his youth in the suburbs of Neuquén, in working class neighborhoods and among low income people where very few manage to finish elementary school. By the time we first met he had served a three-year sentence in prison.  Among his influences were traditional music such as cuecas, cumbias, Latinos and at the time, he by the time he approached the radio he was interested in heavy metal. I came from a small village of La Pampa, from a family of middle-class workers, influenced during my childhood and adolescence by popular music, cumbias, melodic music, tango, folklore and later by rock, blues and jazz. By the time we started sharing some activities on the radio, I was discovering a wide array of music and works of sound experimentation and luckily I could find in Gustavo a great ability to listen to all that he found new. At the same time I was fascinated to listen to his life stories, intense, with other codes, painful and joyful at the same time, but clear evidence of all the richness that you can be unaware of regarding those worlds that are stigmatized by social class, habits and religions, among many blind and deaf generalizations.

We started with small radio interventions and recording some radio serials and even Gustavo learned to operate the airing of radio and was in charge of three hours in the afternoon in the last months before the station was shut down.

Since 1997 we started to reconstruct the old house where the BDC had been, where we lived with my partner Claudia, and “Chile” (Gustavo’s nickname), an accomplished construction worker, took over the work and I was taught how to do some of those jobs as I helped him as a peon.

Around 1999 we moved to a semi-rural area on the outskirts of Toay. There we kept on sharing friendship, construction of our house in this site, and guitar improvisations started. Of course the intention was recreational; a way to have fun with the game, but it also grew as a logic inviting to listening and deepen its practice. It was something that was held in the concrete fact of experience, it was worthy of being developed as a creative space through several years, just because it was exciting and felt good. There was this tendency to invent games with their own codes that we have in childhood and it is fortunate when we can keep some of that instinct as life goes by.

I think there are many people (either musicians or non-musicians) that at some time undergo stages where their practice is more or less exploratory, i.e. they don’t have to meet anyone else’s expectations but their own. But there are not so many that are really excited by the results and decide to continue developing this form of production. It may be that they just haven’t found anything interesting beyond the moment, or that some pressure by social mandates, of those operating subliminally, have taken them far away from there, among countless reasons. Who knows? The truth is that in our case the experience called our attention, results caught us and all that invited to continue, and observe the process. It was curious and fun how our common and distant languages at the same time could live together, a mixture of gringo parishioners and countrymen familiar with some marginalization (not an idealized one though), with a search that did not recognize limits on those components. And something that added interest to what we discovered was a series of coincidences found when chatting with other people in our everyday lives, who remembered or knew about musical practices that had similarities to our own, but through different situations and processes. In all those cases it called their attention that one cared so much about something that they did not value beyond anecdote or something they had forgotten. Perhaps (and here I risk being wrong because these things belong to the field of musicology, sociology or such), this devaluation has to do with the fact that these practices are not easily assimilated into the stereotypes with which ideas are built concerning what is and what is not folklore or ethnic, or identity, or serious music.

And it is within these actions destined to the anecdotal or to leave no trace were it not for the own will of recording and disseminating them, that the small story of Los Cuises is included.

Damaged guitars that become transformed into a particular sound. Improvisation as an integrated practice into daily life, imbued with common experiences and individual stories that are shared by friends and are motives of spontaneous songs. Songs that I take the liberty to bring to a virtual neo-repentismo without established structures as in the real repentismo of payadores [gaucho minstrels]. Two friends creating music from their formal technical limitations, based on listening and listening not only to each other but also to the environment of which they are part, and try to understand what actually comes out of the mix, how it flows. Los cuises could not stop for tuning problems, or sound, or for not being able to read conventional music, for not having possible audiences among other alleged obstacles. The seed was born out of pure manifestation of a unique encounter, as most of the encounters in this life should be if it were another, if we allowed ourselves to listen deeply to each other, without prejudice.

But why write all this and not just let the music speak for itself? Well, maybe it’s a kind of reflex that I have developed for various reasons, when it comes to showing the CP materials in general and its policy of production. We do not look for rarity, originality, or purity, let alone exoticism (some fearsome resource used since the beginning of culture industry -or perhaps from colonialism?- by curators, critics, experts and many artists, when it comes to label, define and spread art expressions in Latin America). Moreover none of these attempts at explanation or description runs as standard or formula, they are just some of the many possible readings, those we can do and move us. In any case, we expect to contribute, to whoever might find it useful, some clues from our own perspective, to address the listening of something that can’t be easily labeled as experimental, or rock, or traditional music, or not even free improvisation itself, even when it has elements in common with that.
There are countless factors involved in this prolific hybridization: a complexity not without chaos but not 100% random either, where perhaps the only powerful option to plunge into it is the maker’s own observation, paying attention to see the possibilities available, beyond what one might expect or not to occur.

And yet nothing guarantees anything. So why not celebrate when it shows up, when the alignment happens, the match, the communication-communion between people, in this case around a practice as old as mankind, but that takes place now within a frame of search with current tools such as recording technology –though not professional- plus the web potentialities.

In many ways Los Cuises (as other examples in the CP), are assured their non-broadcast by most media, including alternative ones.
Obviously if something does not have their musical “spasms” is mass production logic, or processed product to compete in the market or to be at least recognized within the standards of “good music”. But luckily we knew why we were doing it and it was enough for us to summarize it in a plain and humorous way as before the track “De lo profundo” [“Out of the depths”] (from Descontento general disc) which states: “… and believe me we’re being sincere, when we tell you that this track is really good, it comes from deep inside, from our feeling”.

Now, as if all these crosses were a few, some initial recordings by Los Cuises ended up being listened with great interest and widespread outside Argentina by a specialized media dealing with contemporary musical explorations such as Canadian Musicworks magazine, which published an extensive article on the CP and several audio tracks, including four by Los Cuises in the accompanying CD from edition # 89 in 2004.

With this entire intro I expect to arouse some interest for attentive listening within a sea of ​​proposals on the web, and if the effect is just the contrary –if it shoos you away of bores- well, what can I do, fellows… what’s done is done and we will not refund your money. (Fabián Racca)

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